La Alacena
Cuando el año pasado mande construir una alacena. El vecino de en frente, "Manolillo el crhipriota" me preguntó para qué semejante gasto cuando tenía varios centros comerciales a tiro de piedra.
La diseñé yo mismo pues aunque, algunas veces no lo parezca soy ingeniero. Ya, ya sé que para tal empeño no hace falta, pero como estoy desabuelado, pues lo digo.
Mandé elaborar unos gruesos anaqueles para sustentar el peso, pues tenía la intención de cargarla como a un buque mercante. La pinté de blanco por dentro y la empotré en una pared del sótano para disimularla de los ojos. La cargue hasta la linea de flotación, eché el candado y una llave para la jefa y otra para mi.
Los cuatro duros que quedaron, debajo de la baldosa y cuenta cerrada en el banco.
No he sido yo nunca hombre roñoso y me considero más bien generoso, pero para lo que se avecina, raciones de prudencia no estarán de más.
La semana pasada, cuando los guindillas de la Merkel colgaron el bando en la plaza de la U.E. mi vecino se descompuso.
Bando municipal.
Se hace saber, de orden de la señá alcaldesa que de cada cien que tengas, cuarenta se te quiten. Para destinarlos a pagar el crédito que se pidió para arreglar la era, que aunque se ha gastado en otras cosas, yo te lo he dejado y tu me lo pagas y si no tienes pues te jodes que hay que pagarlo. La orden se irá ejecutando por barrios, estad tranquilos que ya mismo os toca.
Angela M. alcaldesa no electa
Lo hacía la abuela: despensa y faltriquera llena
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Compré un autobús de los grandes, de esos de dos plantas, enorme, de pintura metalizada, llantas brillantes, con tubos de escape cromados, de esos dobles. El interior tapizado en crema, con los asientos a juego, de napa blanca inmaculada y dvd para cada pasajero, además, ya puestos, una mesita de estas abatibles por asiento, para poder colocar el portátil, leer el periódico o tomar un café.
Contraté como chofer a un famoso piloto de formula uno en activo, al que retiré ofreciéndole un suculento contrato, ¡leche como conduce el colega y como toma las curvas¡, lo mejor es que los días de timba no vomitamos ninguno, es un dinero bien empleado.
Decidí que ya puesto, por poco más, podría contratar un catering para que nos sirviera un café o cualquier otra cosa. La verdad, es que al final contraté un cocinero de renombre y a su equipo, para que si nos apetecía, preparase algo para picar. Así en la segunda planta montamos un bar y colocamos detrás de la barra dos jóvenes actrices de esas de relumbrón, de buena vista y mejor delantera, que pagamos a la manera de Hollywood, para que no notaran el cambio.
Las jamonas sirven el café y las delicatessen que prepara nuestro chef, mientras interpretan alguna escena al azar de cualquier película, todo esto se paga a parte. Sí, ya se: película dvd e interpretación, parece un pleonasmo cinematográfico, pero no lo es.
Instalaron wifi
y televisión independiente para cada asiento, eso sí, pago por visión, que el tdt
ese parece una ordinariez, como muy de pobre. No es que seamos ricos, pero, parece que nos encaminamos a fundar una nueva clase social y la verdad, no nos pinta.
Hice que instalaran un baño completo y aunque el trayecto a recorrer diariamente, sería corto, nunca se sabe lo que puede pasar en un futuro.
Otra cosa que no os he contado es lo del jacuzzi que hemos puesto en la segunda planta, ¡hay si hablara!.
Recuerdo cuando pedí el crédito para la compra, que risas no echamos en la sucursal y luego en el restaurante, nos pusimos morados a carabineros y percebes, por poco y no cerramos el trato de tanto celebrarlo.
Tengo mis cuentas hechas, llenaba el depósito y viajábamos los 40 por cuatro perras. La verdad, no tengo ni puta la idea, ya que llenaba el depósito y lo apuntaban, luego mandaba la factura contra el crédito que pedía a final de mes.
Con el wiffi, la televisión, los periódicos,las actrices, el cocinero, su equipo, las put.., bueno.. eso es otra que no voy a contar aquí por si se entera la parienta, pero de vez en cuando se organizaban unas timbas en el bus de aúpa, pedía las facturas y hacía lo mismo, coño hay confianza con el banco de los cojones.
Poco a poco mis pasajeros han ido faltando, unos se han jubilado, otros porque están tiesos, algunos los han despedido, ahora somos tres para hacer la ruta.
Seguimos pasándolo bien, el del banco dice que lo mismo no nos da mas crédito,¡Ja! digo yo, ¡con lo que se le debe!, hoy le he dicho que empiece a mandar facturas a los treinta y siete que no viajan, nosotros somos imprescindibles, quien si no va a mover y mantener el autobús.

Pd: Tengo amigos que compraron trenes de esos rápidos, aeropuertos, parques, museos y otras mierdas inservibles, que nadie va a utilizar, pero que han costado y costarán un dineral por los siglos de los siglos, asegurando trabajo de mantenimiento para nuestros hijos, cuñados amigotes y (primos para pagarlo, que sois vosotros)
Dedicado a la casta política.
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