"No me parece que los hombres groseros, de costumbres bajas y de poco ingenio, merezcan tan bello organismo ni tal variedad de rodajes como los hombres especulativos y de gran talento. Los primeros no son más que un saco a donde entra y de donde sale lo que comen, pues nada me prueba que participen de la naturaleza humana, salvo en la voz y en la figura; en todo lo demás son bastante semejantes a las bestias. Debiera llamárseles fabricantes de estiércol y rellenadores de letrinas, porque no es otro su oficio en el mundo. Ninguna virtud ponen en práctica. Letrinas llenas, es todo lo que queda de su paso por la Tierra."
Con seguridad, se refería el gran Leonardo a la clase política que nos gobierna que sólo piensa en su estómago, en inundarnos de mierda.
Posiblemente cuando lo escribió ya existirían los antepasados de estos, y aunque ahora suena con más fuerza "la casta" por aquel entonces ya sufrirían de las maldades de estas alimañas que esquilman los recursos, tal como lo hace una jauría de lobos. Matar por el mero hecho de matar. Pero estos no matan ovejas, no, estos aniquilan el futuro. Son tan ignorantes cómo avariciosos. En pos de la codicia venden a sus hijos y matan a sus padres. Roban engañan y envenenan. Su ponzoña es tal que invade los corazones de la gente, se mata por ella y se justifican la bajas. Sin ninguna vergüenza se culpan entre ellos y comienza así, de nuevo la espiral.
Ciertamente a él también se le retorcerían las entrañas al oirlos hablar. Burros. Disfrazados de eruditos. Con sus mancebos, sodomitas de la cordura, sodomizados por el poder. Putas y putos mancos cobardes, lanzadores de cantos. Ladrones de sueños y de sangre. Carceleros de esperanza.
Hartos y al borde del cólico, dando lecciones de contención al pueblo. Los bolsillos llenos con tantas inmundicias como en sus básicos cerebros. Los bestiarios son ellos, el pueblo inunda la arena y la grada a partes iguales. Saben desde hace mucho que mientras esto sea así viviremos como corderos; rebaño dispuesto al lobo, de día, de noche. Nos cazaran, nos cazan, no debemos quejarnos ya que nos alimentan y nos alimentaran con nuestra sangre.
Sólo os deseo, hombres groseros, unos y otros. Que la codicia que no os deja dormir, corroa vuestras entrañas como el ácido al metal y derrame vuestra ignominia. Y para vosotros, corderos cebados, reyes de la septicemia fecal, deseosos de vuestra basura, ansiosos, indolentes, haraganes, un mal matarife sería lo mejor.
¡Qué la mierda os acompañe!.
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