miércoles, 19 de junio de 2013

La Troika

тройка



De pequeño mi padre me compraba aquellos sobres de miniaturas de plástico. Recuerdo varios de aquellos, en los que en vez de soldados confederados, indios de la pradera, tanques aviones o soldados alemanes, venían las huestes del gran Kan con sus ponis. Organizaba aquél ejercito de mongoles en el suelo de la casa y no sé porqué la palabra troika se me antojaba un destilado alcohólico. 



Soñaba con la fría estepa mongola del Gengis Kan, el cual no llegó nunca a salir de los sobres y al que yo sustituí por un monigote al que la prensa de plástico que los fabricaba, o un exceso de calor, no había tratado bien; ya que era el mas feo y destartalado de todos. Para mí, aquel era el afamado mongol que conquistó media Asia montado en su súper-poni. Imaginaba al bárbaro dándose lingotazos de troika para quitarse el frío y ofreciendo de beber el mismo potingue a su pequeño caballo, mientras fustigaba medio mundo, riendo a carcajada limpia enseñando los dientes "estilo el cuñao".
En el salón de mi casa derrotó una mañana al séptimo de caballería y a toro sentado juntos, y otro día a todos los tanques y aviones de los ejércitos alemán y americano en coalición impensable. 
Aquel despiadado enano de ojos achinados y piel cetrina, que quiso adueñarse del mundo en el comedor de mi casa, no sabía que tenía los días contados. Una gata blanca, que compartía avatares con mi familia y que estaba siempre de mala leche, lo cazó una mañana y nunca se supo más de él. Entiendo que la minina lo escondería por que ella era más confederada o india que mongola, o simplemente por maldad o instinto; -vete tu a saber los pensamientos de un gato-.

Como serán las cosas, que años después, irremediablemente aprendí que eso de la troica no tenía relación directa con el pirriaque y sí con las empresas y las reuniones de personas. Que tres paisanos pueden dirigir los destinos de millones. Que las finanzas son más importantes que la vida de las personas. Que nada importa más que el dinero, que por cierto y a estas alturas ya no existe.


El pequeño Kan ( el cani )  y su padre.
Ahora, entrado ya el siglo 21 y con más de medio siglo en el zurrón, vuelve la troica a mi mente en una enrrevesada mezcla de lo que fue mi niñez y lo que es la realidad de nuestros días. Entiendo perfectamente el paralelismo que ideé de pequeño y si cambio al feo mellado de dos cabezas y su poni por un trío, me cuadra la operación y resuelvo enseguida.

Pues: pregunto al ávido lector, si no cree que para martirizar de la manera que se hace a media Europa, para llevar a la pobreza más solemne a familias enteras, privar de dignidad a padres y madres y eliminar de un plumazo el futuro de esta y la próxima generación al menos, hay que ser un bárbaro borracho de codicia.

Es posible que un trio de ases tenga en sus manos el destino de un país, pero es más necesario si cabe una gata blanca con mala leche o lo que el lector quiera suponer por gata.


(Te cuesta menos de un minuto dejar un comentario y para mi es importante. Gracias.)


1 comentario:

  1. Es increíble lo que me gusta leer lo que aquí escribes, muy buenas formas y mejor fondo. Creo que ya sabes la cara que pongo cuando leo alguno de tus artículos! Sigue así porque, a parte de plasmar la cruda realidad que estamos viviendo, ese humor negro, como tu lo llamas, hace disfrutar mucho. 1 abrazo

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